domingo, 24 de julio de 2016

De regreso a mi puerto

De un momento a otro la tristeza inundó mi corazón, y me sentí sin esperanzas ni fuerza. ¿Por qué? Si llego lo que tanto esperaba... si por fin salí de una pesadilla para empezar a dibujar mi propio sueño.
Y es que como se dice el hombre es un animal de costumbre, y también un ser social. Descubrí oculto en algún lugar de mi ser el temor a las preguntas que van a llegar como flechas, para incrustarse en cada rincón de mi mente y de mi corazón, para recordarme que no soy tan valiente como aparento, para revolver entre mis errores y armar estrategias en un intento de decidir por mí. Como si conocieran la historia.
Esa historia, que intento olvidar, pero que aún siendo mi peor enemiga es mi único soldado. Es mi talón de aquiles y a la vez mis remos para seguir. Oculta en el lado oscuro de mi vida.
Me sacudo y trato de ordenar mis ideas, en el medio de la tormenta más fuente de mi vida.
Solo yo conozco mi historia, los porqués, cada lágrima y cada temor, cada sueño y todas las pesadillas.
Y mis silencios, mis mejores amigas.
Voy a poder, como siempre. La corriente en mi contra aún nunca pudo derribarme.

domingo, 17 de julio de 2016

Encontrarse

Aveces es bueno tomarse un tiempo solos, un tiempo , por más corto que sea.
Un momento para observarnos desde afuera, desde donde los ojos saben donde estamos... pero solo nosotros somos capaces de saber si es donde deseábamos estar.
Un silencio para analizar nuestra propia mente, para inspeccionar nuestra alma y escuchar nuestro corazón, porque tantas veces nos quedamos con la proyección que el mundo nos da acerca de nosotros mismos, y nos perdemos.
Porque es triste no saber quiénes somos, a donde vamos y por qué. Y muchas veces sólo podemos saberlo encontrándonos a nosotros mismos, a solas, en silencio y en paz.

miércoles, 13 de julio de 2016

Caída, libre


Cerré los ojos y me tiré al vacío.
La primera sensación fue de adrenalina pura, de emociones encontradas, de buscar el piso con los pies y el cielo con las manos... y atajar la respiración en un intento de que el vacío dure más tiempo.
Sentí mi cuerpo siendo domado por el espacio, por la nada. Apretando los ojos... sin saber qué me esperaba... fuego, agua, piedras.
El tiempo fue inmenso.
Sentí mis lágrimas intentando sostenerse sobre mi rostro, y hasta ellas me abandonaron, sosegadas por el viento.
Me vi más sola que Dios.
Vi mil colores, y ningún sentido en ellos.
Intenté caminar mientras mi cuerpo se desarmaba irreverente, salvaje, a sus anchas, y lo disfruté.
Disfruté no tener más que mi propio peso, todo lo malo de ese instante, todo lo libre que el resto de mi ser permanecía, mientras mi corazón se hacía trizas y mi mente me llevaba a destinos destructivos.
Todo valió la pena, y lo sigue valiendo. Nunca más rejas, ausencias, ni presencias monstruosas.
Nunca nada más que mis propias decisiones erradas.
No más tormentas, culpas, agobios, mentiras ni silencios.
Y cuando llegue a lo que haya abajo, descansaré, viendo a lo lejos erigirse la construcción de lo que había destruido.
Y seré feliz, inmensamente sola, totalmente libre, absolutamente feliz.