jueves, 16 de junio de 2016

Días sin sol (II)

He tenido días mejores y días peores...
He cruzado las lineas que yo misma me dibuje como límites... y hasta incluso las he borrado.
Perdoné y me perdoné, pero la vida no me ha perdonado. Lo supe cuando me di cuenta de que mis atardeceres se han vuelto oscuros.
Ame, ame con locura... y sin embargo nunca he conocido el amor que no sea el de madre e hijo.
Esperé, y mis esperanzas se perdieron, para siempre. Queme todas mis oportunidades con todo el empeño de mi alma... hasta quemar mis huesos, mi corazón y mis emociones con ellas.
Se me acabaron las fuerzas
Mis sentidos son espinas incrustadas en mi mente. Ellas son parte de la cordura que he perdido.... esa compañera que me acompañaba a paso firme.
Y ahora me encuentro sola.
Solo el aliento me acompaña, solo el aliento y el sol que se vuelca sobre mi cuerpo cada día.

viernes, 10 de junio de 2016

Mi hijo, mi vida y yo

Cuando era "joven" pensaba que nunca tendría hijos, no soy de las mujeres a las que les gustan los niños, nunca tuve idea de cómo cambiar un pañal y mucho menos de cómo solucionar un berrinche (en ese tiempo me preocupaban esas cosas).

Cuando me enteré de que estaba embarazada (por accidente, o sea, por accidente me embaracé y por accidente me enteré) aparte de sentirme feliz (no sabía por qué, porque en definitiva no era un buen momento) me dije a mí misma "y ahora qué carajos hago?", no por qué hacer de mi embarazo, sino porque ni siquiera sabía qué era lo primero que tenía que hacer como "mamá".

Pasé meses tratando de pensar cómo educar a un nuevo ser humano (aparte de vomitar todo el día), pensé cómo sería mi bebé, qué clase de valores iba a inculcarle, cómo iba a distribuir mis gastos... y se me cruzaron como ejemplo estas ideas por la cabeza:
- Mi hijo no va a consumir dulces, ni comida chatarra
- Voy a ser firme con él, voy a poner reglas claras, y va a ser súper bien educado
- Voy a llevarle todos los domingos a la misa
- Nunca va a estar sucio
- No va a tener contacto con la tecnología hasta cierta edad
- Va a escuchar solo cierto tipo de música
- Va a hablar tales idiomas, con palabras bien dichas
- Va a leer, voy a inculcarle la lectura
- Voy a inculcarle el orden, la limpieza, la disciplina
- Va a aprender a ser muy responsable.......
La lista sigue.. recontra sigue,

Lo que sí que cuando la enfermera lo acercó a mí por primera vez en el Sanatorio, ni siquiera supe cómo alzarlo, cómo darle alimento... y la primera noche no dormí porque tenía miedo de que deje de respirar. Síntesis, me faltaba muchísimo para llegar siquiera a uno de los puntos que cité más arriba.

Volví a mi casa con el dilema de cómo cambiarle un pañal decentemente y el grandísimo desafío de bañarlo.

Pasaron dos años y medio con casi exactitud. Y lo primero que pude definir acerca de mi trabajo como mamá es que amo a mi hijo más que a mi propia vida. Y ese es mi primer defecto como mamá, paradójicamente.

Trabajé arduamente en dedicarle todo, absolutamente todo mi tiempo fuera del trabajo. Definí alimentos, libros, juegos, ropa, pautas, comportamientos, rutinas, valores, me salí de la gran parte de lo que definí, lo encontré divertido y hasta ideal, y me dí cuenta de que algo andaba mal.

¿Por qué encontré ideal salirme de lo que definí? No lo hice intencionalmente, fue mi propio hijo, de cerca de un metro de estatura, el que decidió cómo ser, qué gustos tener, cómo comportarse, qué le desagrada. Y fui feliz al notar que ese ser humano es diferente a mí, que tiene un carácter, una personalidad y un temperamento diferentes.

¿Qué es lo que anda mal? Soy yo y mi vida.
Dejé de tener vida... y no por imposición de mi hijo, sino por ese instinto que fue más fuerte que yo y me empujó a alejarme del mundo entero, a no peinarme, a nunca maquillarme, a descuidar mi alimentación, a delegar mi cuerpo, a prohibirme siquiera ir al baño tantas veces... o quizás leer un libro y tomar un café, mucho lujo? No.

Primero yo, segundo yo, tercero yo... y mi hijo.
Cuando lo tuve entre mis brazos supe que lo amaba más que a mi vida, sí, instintivamente.
Pero mi hijo me necesita entera, me necesita con tanta fuerza como el amor que siento por él.
Me necesita feliz, con autoestima alta, con energía, con convicciones.
Mi hijo me necesita y me merece completamente mujer, completamente sana, abierta, creativa, dispuesta a llevar el mundo por delante y abrirle paso.
Mi hijo se merece un ejemplo de fortaleza. Y la idea central de mi responsabilidad como madre no se limita a cambiar pañales, armar rutinas y controlar berrinches.

Mi responsabilidad es primero sobre mi misma, para tener qué darle.

Por eso mujer, amiga... date ese baño en agua tibia al final del día, date esa hora de una buena serie, una película, un libro, un café, un té o simplemente ese momento de estar tirada en el sofá sin hacer nada.

Date esa noche completa de sueño, esa tarde de hotel a kilómetros sola, esa hora de gimnasio, esa caminata, ese brushing, esas manos y pies, ese masaje. 

Date tu momento, no es un lujo, es una necesidad. Es tomar aire y volver a tu responsabilidad, con la responsabilidad contigo misma cumplida.

Vos y tu hijo se lo merecen. Sin excusas.



martes, 7 de junio de 2016

Desde mi jaula

Te das cuenta de que no sos libre cuando tenés miedo de decidir por tu cuenta....
Cuando a cada deseo se ata una amenaza.

Te das cuenta de que no sos libre cuando el control ejerce poder sobre tu vida, sobre tu intimidad.
Cuando no podés tener tu espacio propio, de silencio o de ruido, de llanto o de sonrisas... cuando ni siquiera podés elegir que palabras usar para expresar tus sentimientos, o cuando simplemente no respetan tu derecho de expresarlos.

Te das cuenta de que no sos libre cuando querés huir de la tristeza, y te intimidan con amenazas de desgracias.
Cuando todo es comodidad, y sin embargo preferirías una jaula! Si a cambio tuvieras tus propias llaves. Me explico? Poder elegir a donde ir sin que tu circuito esté interferido por un aparato gps, poder escribir un mail sabiendo que es solo tu mail, solo lo que tenés ganas de decir, sin que nadie esté rastreando tus contraseñas a cada paso.

Te das cuenta cuando la mayoría del tiempo sentís miedo, rabia, impotencia... cuando te sentís invadida, intimidada... y muy sola.

Es como un secuestro a la vista ciega de todos. Y vos... allí encerrada, sin fuerzas para pedir ayuda, sin brazos que puedan sostenerte, sin labios que puedan aconsejarte, sin oídos que se interesen por escucharte.

Un día solamente encontrás la oportunidad y no tenés ganas de dejarla ir, porque el miedo es la peor atadura... y porque sentís que no hay nada peor que lo que ya estás pasando. Ni siquiera la muerte.
Porque no hay peor muerte que vivir sin tu propia vida.


viernes, 3 de junio de 2016

Todo y nada

No está conmigo, pero me basta su existencia...

No está conmigo, pero sí está, porque no sale de mi mente, y aunque lo niegue, tampoco sale de mi corazón

Él me puede por completo con un simple abrazo
Está en silencio, esperando el momento... y yo a todo ruido, sin ganas de dejar pasar más tiempo

Él conoce mis errores, mis miedos, mis límites...
Pero los convierte en aciertos, seguridad y entrega total

Él es la parte completa de mi vacío
El equilibrio absoluto de mi inestabilidad
La calma en medio de mis tormentas

Él es mi copa de vino, mi amanecer perfecto, mi sueño hecho realidad por minutos....
Pero mi elección para siempre

Él no está conmigo, pero me basta su existencia...
Sus largos silencios, los momentos en los que me toca elegir entre todo lo que creo que está pensando

Él es el par de oídos de mi mundo, los únicos labios que me sacian, los únicos brazos que me sostienen
Él es mi sueño de una jornada perfecta, sin importar lo que implique

Él es mi pasado, mi presente y mi futuro

Lo es todo, sin ser nada.